CB
Uno de los triunfos indiscutidos de la dirigencia de Cruzados SADP es que el hincha o la hincha ha perdido la apreciación mínima del fútbol. En buena parte se han vuelto clientes que aceptan a regañadientes el valor de los abonos porque saben que se agotarán de todos modos, que sobredimensionan el accionar de los dirigentes en la obra del estadio, sin considerar además que aquello se obtuvo por el prestigio de la institución y los aportes de ellos mismos, que toleran cinco años de mercados de pases bastante mediocres y que están presentes ¿Por qué? Por su amor y lealtad al equipo, de los cuales se aprovechan los mencionados funcionarios de una empresa privada. Cruzados SADP no es Universidad Católica, como nos dijo en su momento Alberto Fouillioux, y olvidarse de que hay que exigirles en todo momento, obviamente dentro de lo razonable, es desentenderse de la principal misión de un hincha que es el bienestar de su club.
Vas a leer en abundancia frases como "nada que hacer en los goles", "hay que dar vuelta la página", "esto recién comienza". Ya se regaló una Supercopa porque había que dar plazo a José María Buljubasich para que terminara de conformar el plantel, cuando Coquimbo llevaba casi una semana más de trabajos. No pasó absolutamente nada. Incluso hubo comentarios entre hinchas en redes sociales de que era prácticamente un torneo de verano, una instancia preparatoria para el Torneo Oficial y la Copa Libertadores.
En menos de 15 minutos Cobresal se había puesto 2-0, y estuvo a punto de cerrar de inmediato el partido en un cabezazo de Steffan Pino donde Vicente Bernedo logra manotear el balón. Los goles, que fueron "golazos" en su ejecución, comenzaron de errores conceptuales que apenas serían permitidos en una pichanga de recreo en primero básico. El primero nació de un lateral donde el receptor es marcado con displicencia y el ejecutante remató luego de una reaccion tardía de Cristián Cuevas, que de todos modos casi consigue bloquearlo. El segundo vino de un desborde por derecha, flanco izquierdo de la zaga cruzada, donde el lateral es desbordado, y hay una tijera al centro, cuando se esperaría que un central cierre al primer poste y el otro cubra al medio o al atacante (el cierre al segundo poste corresponde al lateral del otro extremo). Nada de eso se produjo. Parecía un picado de la básica donde mirabas el balón y todos corrían hacia él sin tener una idea clara de donde hay que atacar y en qué lugar se defiende.
La palabra que todos evitan es fragilidad. La hubo en defensa. Ya se había hecho el ridículo en La Serena, encuentro en el cual se consiguió empatar, y ahora los goles de Fernando Zampedri, uno de los pocos jugadores del plantel actual que está a la altura de un club como Católica, no bastaron para salvar la jornada. Desde el gol de penal del centrodelantero hasta el 3-1 de Pino fueron los únicos minutos donde se pudo competir ¿Entiendes ahora por qué fue el peor partido del año? Nada bueno se obtiene desde la debilidad defensiva, ni de la ausencia de expresión de lucha.
Aún en desventaja en La Serena y exceptuando alguna ocasión que tuvo Huachipato para liquidar en la Supercopa, en todos los demás partidos del año quedó la sensación de que el equipo fuerte era Católica. En El Salvador nos balanceamos como un boxeador tocado, como un borracho que lleva días de juerga y vuelve a beber, esa vulnerabilidad es inconcebible en un combatiente, en una auténtica guerrera. La vida no te da un centímetro de ventaja cuando presenta sus desafíos, el deporte de alto rendimiento es muy similar en ese aspecto.
Esta semana la autocrítica debe ser fuerte entre los jugadores. No le vas a exigir autocrítica a una dirigencia que nunca dio una vuelta a la cancha ni saben distinguir entre un balón y un melón. La superación es para quienes de algún u otro modo buscan en la nobleza sus herramientas, entrenando en el patio de la casa, boxeando imaginariamente en el comedor, caminando ida y vuelta hasta la plaza de tu comuna, subiendo un cerro, evitando comer la basura que promocionan en tv, corriendo tras un bus en el paradero para llevar el sustento a la casa o estudiar. Eso es tener corazón.
Ante Coquimbo hay que plantearse si vamos a pelear por el campeonato o marcar el paso una vez más, como en los últimos años. A medida que vives, sueñas con morir en combate, arremeter contra la opresión, defender a los animales o a tus seres queridos con la vida, no agachas la cabeza y aplaudes los golazos del rival ¿Qué golazos ctm? Yo te voy a hacer golazos ctm, me van a sacar muerto de la cancha, de la pista, de la competencia en definitiva, porque soy de Universidad Católica y acá se sueña con morir en combate, en consagrarse con La Franja en el pecho, no aflojas el culo a los veinte años para rendirte como si no tuvieras valor.
¿Será necesario repetirlo? Esto es Católica, aquí no se compran copas, se ganan.

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