CB
El análisis futbolístico en este caso corre a ratos en forma paralela a las irregularidades que presenta el partido. Por ejemplo, se puede adelantar que Daniel Garnero tomó decisiones acertadas o discutibles en los cambios. Parecía un partido para Vicente Cárcamo, probablemente. Sin embargo, sería un error olvidar que el entrenador se veía condicionado por la cantidad de amarillas que había recibido el equipo. En parte, una de sus prioridades era disminuir la cantidad de amonestados en el campo y entremedio sumó fútbol con el ingreso de Matías Palavecino.
El payasesco arbitraje de Fernando Véjar también forma parte del panorama en la contienda futbolística de Chillán, donde Los Cruzados llenaron su galería y fueron un factor de aliento constante. La realidad del arbitraje chileno es horrible desde hace años y las razones para la continuidad de Roberto Tovar son un misterio a estas alturas. Véjar tuvo que echar pie atrás en las expulsiones de Gary Medel y Branco Ampuero. Dejó a Nicola Pérez en cancha cuando había ido en plancha sobre Fernando Zampedri. Para ser honestos, cometió errores para ambos lados, algunos se notaron más que otros, pero fue absurda su disposición a sacar tarjetas. Se parecía a ciertos funcionarios que deben sacar partes para cumplir con la cuota mensual, como es la creencia popular. Cualquiera diría al enterarse de que hubo un expulsado y diez amarillas que la patada más sencilla iba a la altura de la cabeza, o "a la medallita", como decían los antiguos al producirse una patada en el pecho, especialidad de arqueros y zagueros. Hubo empujones, pechazos, insultos, pero no fue la película de Bruce Lee o Jackie Chan que existió en la imaginación de Véjar. El árbitro quiso ser protagonista desde el inicio y terminó empequeñecido y ridiculizado, al igual que Pennywise.
La actuación de Fernando Zampedri amerita un párrafo aparte. Él tiene a Católica peleando arriba y está por sobre el funcionamiento del equipo, que a ratos parece no afinarse del todo. El Toro rejuveneció esta temporada, quizás motivado por la presencia de nuevos compañeros, o por su propia superación personal, y ya está en lo más alto de la tabla de goleadores con ocho tantos en cinco partidos, sumando de paso 149 goles en 232 partidos en la tabla de goleadores históricos.
En resumen, Católica se sobrepuso a un comienzo dubitativo, mejoró al ganar los balones divididos después de largos minutos en el primer tiempo donde no lograba asentarse en un campo que distaba de estar en las mejores condiciones (pasto largo e inundado en algunos tramos), y un arbitraje donde Véjar fue más horrible que esos pelotudos que bombardean países como si la vida fuera un juego donde puedes reiniciar a voluntad. Falta mucho por mejorar, sobre todo si se tiene presente que la participación en Copa Libertadores implica otras exigencias, y mientras eso ocurre lo mejor es sumar de a tres. Para finalizar, Jimmy Martínez jugó acorde a lo que anticipamos en el análisis de refuerzos. Si suben los rendimientos individuales y el plantel suma variantes, por consecuencia mejorará también la competencia interna y el rendimiento colectivo.

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